viernes, 15 de diciembre de 2017

Manías y hábitos repetitivos de los niños


    
 Cuándo las manías de los niños son un problema.
Existen algunas manías y hábitos repetitivos de los niños que se adquieren a muy temprana edad y que incluso se consideran positivos, pero que en una etapa posterior son molestos, sobre todo si aumentan en frecuencia, y empiezan a preocupar. En algunas ocasiones, las manías de los niños pueden llegar a producir lesiones corporales (como, por ejemplo, las malformaciones dentales, en el caso de succionar un dedo, o lesiones en los dedos si se muerde mucho las uñas). En otras, pueden convertirse en motivo de burla (por tratarse de conductas demasiado infantiles) o afectar a las relaciones sociales (por producirse con tanta frecuencia que se convierta en un comportamiento obsesivo). En estos casos los padres deberían consultar a un especialista. 

Chuparse el dedo

Después del primer año de vida, la succión como reflejo desaparece y el niño suele chuparse el dedo como un acto de compensación frente al miedo la inseguridad, la falta de adaptación al medio, por cansancio o aburrimiento. Por lo tanto, si el bebé tiene más de un año y se chupa el pulgar, se debe trabajar directamente sobre las causas. Es más positivo hacer que se sienta seguro o proponerle actividades físicas que lo distraigan y mantengan sus manos ocupadas que regañarlo y quitarle la mano de la boca constantemente, ya que puede aumentar su ansiedad y reforzar esta conducta. Enroscarse el pelo entre los dedos, morderse las uñas, succionar el chupete o la esquina de una sabanita o llevar siempre su objeto transicional son equivalentes a chuparse el dedo y deben tratarse de forma similar.

Tics nerviosos

Constantes parpadeos, muecas, movimientos de hombros y carraspeos… son tics nerviosos. Estos movimientos o sonidos repetidos de forma semi-involuntaria no tienen finalidad consciente y son tremendamente indisciplinados. Algunos padres piensan que el niño con tics hace tonterías o que lo hace a propósito y, al regañarle, no hacen más que aumentar su ansiedad, inseguridad y sentimiento de culpa. Lo único que a los padres los debe preocupar es si el niño sufre con su tic. Pero si el niño no se siente molesto, es mejor no hablar a todas horas del tema y esperar pacientemente a que se le pase. El objetivo primordial es evitar que la condición se transforme en enfermedad, para lo cual es necesario fortalecer su autoestima, eliminar los tabúes y prejuicios y procurar neutralizar las conductas adversas del entorno.

Jugar con los genitales

Durante la primera infancia, los niños son curiosos por naturaleza. Exploran su cuerpo, juegan con los dedos de sus manos, con sus pies y también con sus genitales. Jugar con los genitales es una conducta totalmente normal. En algunos niños es tan constante que hasta los padres más abiertos muestran cierta preocupación. Lo más recomendable es ignorarlo por completo. Lo más práctico es desviar su interés hacia una actividad más sociable y, si es necesario, retirarle la mano con suavidad. No hay que humillarle ni castigarle, y aunque nos incomode, no hay que darle mensajes negativos que asocien los genitales con suciedad, maldad o enfermedad.

Hurgarse la nariz

Es una mala costumbre que –como todo el mundo sabe– no es exclusiva de los niños, por lo que es posible que sea la consecuencia de imitar a los adultos. Algunos opinan que también puede que lo hagan porque les resulta agradable explorarla en momentos de aburrimiento. Para evitar el problema es importante desviar su atención cuando lo intente y procurar que sus vías respiratorias estén siempre despejadas. Y, por supuesto, en cuanto tenga la edad adecuada (2-3 años), enseñarle a sonarse (cerrando una fosa nasal mientras se suena la otra) y a utilizar el pañuelo para esos menesteres.

Súplicas y gimoteos

Si el niño gimotea constantemente es porque le funciona. Hay que decirle que de esta forma no va a conseguir nada y por supuesto cumplirlo. Podemos enseñarle otras formas más correctas de hablar. En cuanto a las súplicas, ocurre lo mismo. El niño averigua con rapidez los puntos débiles del adulto y sabe que es cuestión de tiempo conseguir lo que se propone. Los padres habilidosos pueden detenerle iniciando alguna actividad que le resulte interesante. Si esto no funciona, aunque la paciencia se vaya agotando, por lo menos hay que fingir que lo ignoramos. Seguramente el niño continuará, pero hay que mantener lo dicho. Y si todo esto no funciona, como último recurso, es muy útil sacarlo al aire libre, donde seguramente su hostilidad disminuirá.
ESTE  ARTÍCULO ESTAÁ ESCRITO POR PROFESIONALES EN EDUCACIÓN, NO ES MIO.


martes, 5 de diciembre de 2017

Enseñar buenos hábitos alimentarios a los niños

En una época en que frecuentemente se delega determinados aspectos de la educación de los niños a esferas diferentes a la familiar es importante recordar que es responsabilidad de los padres el inculcar buenos hábitos alimentarios en los niños.
Está en nuestras manos la salud de nuestros hijos, y por lo tanto, debemos dar ejemplo: enseñar a comer adecuadamente es una tarea que debemos realizar con responsabilidad, tiempo y dedicación, pero también de manera divertida y didáctica, para captar la atención y el apoyo de nuestros hijos.
Nunca es tarde para colaborar junto a ellos en la adopción de nuevas y mejores formas de alimentación, con pequeños pasos se pueden conseguir grandes logros. Veamos cómo podemos enseñar buenos hábitos alimentarios a nuestros hijos.
·         Hemos de transmitir el mensaje educativo más importante: tener hábitos alimentarios sanos significa consumir una alimentación variada y equilibrada. Esto se consigue con una amplia variedad de alimentos, como muestra la pirámide de la alimentación. Por ello, con nuestros hijos debemos trabajar con la pirámide y su significado. Puede ser de manera tradicional o incluso existen juegos interactivos para ir completando la pirámide.
·         Comprar con los niños es una oportunidad más para enseñarles buenos hábitos. En el supermercado, podemos enseñar los diferentes tipos de alimentos que se nos ofrece, y la responsabilidad y libertad que tenemos a la hora de elegir los mejores alimentos para nuestra salud.
·         Enseñar la importancia del momento de la comida con conceptos como los siguientes:
1.      Cómo y cuándo lavarnos las manos (antes y después de comer).
2.      El respeto por la cocina y sus peligros, ya que es de los principales lugares donde se producen accidentes domésticos.
3.      Los buenos modales en la mesa, aunque no se trata de seguir un protocolo estricto, sino de las normas básicas, como la importancia de comer despacio y con tranquilidad, no tirar la comida, levantarse solo cuando sea necesario…
4.      Dejar que los niños colaboren en la elaboración de la comida, siempre teniendo las precauciones pertinentes en la cocina.
5.      Hacer platos variados, huyendo de la monotonía. Incluir diferentes sabores, colores, texturas y consistencias en los platos, con el fin de estimular las ganas de comer de los niños. También podemos preparar platos y mesas divertidos. No olvidemos que la presentación de los platos es clave para que los niños acepten mejor los alimentos.
6.      A la hora de comer, es muy importante utilizar sillas, vajilla, vasos y utensilios que los niños puedan manejar cómodamente y no supongan ningún peligro para ellos.
7.      Debemos tratar que los niños sean partícipes del momento de la comida, invitándolos a poner la mesa, traer los alimentos, recoger y limpiar la mesa después de comer… Siempre evitando darles utensilios o tareas peligrosas.
8.      Si suele haber tensiones durante las comidas, debemos ayudar a los niños a prepararse para comer, ofreciéndoles actividades que favorezcan la relajación.
9.      Que los niños aprendan y se recreen con libros y vídeos instructivos sobre alimentación sana. Desde dibujos animados como Lazy Town a cuentos, películas…
10. Servir la comida en un ambiente atractivo y relajado: no hay que olvidar que la hora de comer debe ser lo más agradable y distendida posible. Convertir ese momento en una pelea, en motivos de discusión… solo acentuará los problemas que existan respecto a la alimentación de los niños.
11. En la mesa, mantener una conversación tranquila y no forzada, tratando que los niños hablen de sus experiencias con los alimentos, como saben, cómo huelen, etc. En este sentido, la televisión es enemiga de la comunicación.
12. Nunca utilicemos los alimentos como premio o castigo, pues relacionarán la comida con un juego y no con necesidades de salud.
13. Tratar de observar y comprender la personalidad y las reacciones de los niños con los alimentos. No reflejemos en ellos nuestros gustos o aversiones, pues ellos pueden desarrollar gustos diferentes y hay que respetarlos.
14. Es conveniente servir porciones apropiadas: la porción para un niño no es la misma que la de un adulto, y si no les servimos platos en su justa medida podemos quitar espacio a otros alimentos necesarios.
15. Vivimos en una sociedad que puede potenciar desórdenes de la alimentación y obsesiones en la imagen corporal de nuestros hijos. Es nuestro deber colaborar en la construcción de la autoestima de los pequeños y de enseñar la importancia de apreciar sus cualidades personales.
Como vemos, son muchas las perspectivas para enseñar buenos hábitos alimentarios a los niños. Todas tienen en común a los padres como responsables, guías y ejemplos y que la hora de la comida se convierte en un buen momento para compartir con la familia. Nunca es tarde para mejorar esos hábitos, para los mayores tampoco.

ESTE ARTÍCULO ESTÁ ESCRITO POR PROFESIONALES EN EDUCACIÓN, NO ES MÍO.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Los niños y las palabrotas


   Cómo solucionar el problema de las palabrotas.

Las primeras palabras que emite el bebé son música para el oído de sus papás. Pero un buen día, para desconcierto de propios y extraños, el pequeño suelta su primera palabrota. No se sabe dónde o a quién se la ha oído, pero sí hay que tener claro lo que se debe hacer. Cuando son pequeños, los niños no se imaginan el significado de las palabrotas y expresiones vulgares que pronuncian los demás. 
Lo que está claro es que, cuando él las articula, los adultos no se quedan impasibles. Unos enrojecen, otros se ríen, otros se enfadan y muchos de ellos se quedan totalmente desconcertados. Tacos e insultos forman parte natural del aprendizaje del niño y es normal que los digan en un momento u otro. Pero evitar que formen parte habitual de su vocabulario es nuestra obligación.

Cuando el bebé aprende a hablar

El bebé aprende a hablar porque observa a las personas y las imita. Y lo seguirá haciendo en la medida en que se le escuche y se le refuerce lo que está diciendo. Para él es como un juego y, a medida que experimenta con el lenguaje, va adquiriendo mayor vocabulario.

Las primeras palabrotas: Caca, culo, pedo, pis

Alrededor de los tres años, el niño puede tener un vocabulario de alrededor de mil palabras. Le llaman la tención aquellas que se expresan con énfasis y, sobre todo, aquellas que provocan “reacciones especiales” en los demás. Por ello es normal que haga sus primeros pinitos en el mundo de las palabrotas.
A partir de los 4 ó 5 años además empiezan a parecerle graciosas las palabras relacionadas con los genitales y los excrementos. El mero hecho de decir “caca, culo, pedo, pis” les provoca la risa. También utilizan términos malsonantes que no tienen que ver con la fisiología del cuerpo y generalmente suelen elegir los que oyen más a menudo o los que llaman más su atención. Hasta aquí se trata de una conducta normal.

Dónde aprenden palabrotas los niños

Los padres en muchas ocasiones se preguntan: ¿dónde ha aprendido semejantes palabrotas? La respuesta es obvia. Se las oyen a sus compañeros de juego, a los adultos o en los medios de comunicación. Debemos procurar que el lenguaje que escuchen nuestros hijos sea el adecuado, ya que estos lo almacenan todo y luego es fácil que lo repitan.
Por tanto, hay que cuidar el grupo de amigos con el que el niño se relaciona, seleccionar el tipo de programas televisivos que ve y, por supuesto, predicar con el ejemplo. Nuestro vocabulario es muy rico y seguro que podemos omitir las palabras ordinarias.
El niño, en un principio, desconoce el significado real de estas palabras y, desde luego, no tiene ningún ánimo de ofender. Pero percibe perfectamente que, cuando las usa, los adultos le prestan una atención especial. Es importante conocer la finalidad que esconde cuando dice palabrotas, es decir, por qué las dice.
Ante todo, naturalidad.
Si queremos que esta etapa sea pasajera y no se afiance, hay que procurar que el taco pierda su fuerza expresiva. No podemos evitar que diga palabras malsonantes, pero sí podemos intentar que no se refuercen. Si no nos escandalizamos ni nos reímos, seguramente la palabra pasará desapercibida y no se consolidará en el repertorio del niño. De lo contrario, aprenderá que esa es la mejor forma de conseguir lo que quiere y lo utilizará cuando desee algo y seguramente en el momento que surta mayor efecto, como por ejemplo cuando haya visita.

Límites y soluciones a las palabrotas

No hay que dramatizar, pero tampoco hay que ignorarlo siempre. Evidentemente, depende de la situación, y del criterio de los padres. Pero en general, si el niño excede el mal gusto y utiliza los tacos para herir a alguien o palabras muy fuertes, hay que decirle con firmeza –y a ser posible en privado– que no es admisible. Debe saber que existen ciertas reglas sociales y tiene que conocer cuáles son y respetarlas.
•- Primero prevenir. Cuidar las compañías, seleccionar los programas de la tele y predicar con el ejemplo.
- Actuar con naturalidad en las primeras ocasiones. Reírle la gracia o reaccionar con enfado (amenazas, castigos o gritos) fomentará su uso cuando quiera poner a prueba al adulto.
- Utilizar juegos de palabras. Para que los tacos pierdan fuerza expresiva podemos servirnos de palabras alternativas para expresar lo que siente.
- Entender sus motivos. Si averiguamos el porqué de sus palabras, podremos anticiparnos a los hechos.
- No perder los nervios. Si no estamos seguros de reaccionar con calma, es útil tomarse un paréntesis para, más tarde, una vez sosegados poder hablar del tema con una mayor perspectiva.
- Proceder con firmeza cuando utiliza las palabras malsonantes.
-• Paciencia y perseverancia. Las conductas inapropiadas tardan tiempo en instaurarse, por lo que no desaparecerán de la noche a la mañana.
-• Penalizaciones. Si se ha intentado todo y no se logra que el niño modere su lenguaje, hay que marcar límites y penalizar su conducta.


ESTE ARTÍCULO ESTÁ ESCRITO POR PROFESIONALES EN EDUCACIÓN, NO ES MÍO.

viernes, 24 de noviembre de 2017

La técnica del semáforo, el medio para controlar las emociones


          Toda persona experimenta señales físicas en el momento cuando se enoja, algunas de estas pueden ser: sudor en las manos, la respiración se agita, la cara se enrojece, los músculos se ponen tensos, se nubla la vista, se aceleran las pulsaciones del corazón, se siente un vacío en el estómago o se seca la boca.
En condiciones como estas, cae bien la aplicación de La técnica del semáforo, la cual precisamente consiste en reconocer estas señales y mediante este conocimiento comenzar  la dinámica de controlar las emociones. La situación es que cuando se presenta una de estas señales es semejante al semáforo en rojo.

Descripción de La técnica del semáforo

1.      Luz roja. Esto significa que, de la manera como se para una persona en un semáforo, la persona se debe estacionar  y comenzar a detectar las señales que se mencionaron en el párrafo anterior, este es el primer paso que se debe dar en aras de determinar el estado de ánimo en el que el niño se encuentra.

2.      Luz naranja. En este momento se puede entrar en la concientización de manejar los sentimientos, habiendo logrado el control de la emoción que se esté presentando, ya se está frente al descubrimiento del estado de enfurecimiento que se tenga, es decir, se puede determinar la causa de lo que esté sucediendo.

3.      Luz verde. Este estado de La técnica del semáforo indica que el alumno debe pensar en primer lugar cuál es la mejor forma de expresar la emociones que está experimentando en el momento y  a la vez, se necesita saber cuál es la mejor forma de salir de la emoción para retornar a un estado de comportamiento normal. 

4.      Luz intermitente. Cuando el semáforo tiene una luz intermitente, significa que los vehículos se deben detener para que los peatones puedan pasar, esto en los niños es cuando deben hacer un alto para mirar minuciosamente su conducta.

5.      Más allá de la situación emocional. Esta técnica no se centra únicamente en la situación emocional de las personas,  lo mejor de todo es que se extiende a lograr mejoras en cuanto al comportamiento que en determinado momento se  puede tener como respuesta a las circunstancias buenas o malas que rodean al alumno.

6.      Todo es de manejo. El problema mayor es cuando se deja que la conducta avance y no se detiene para que la persona cambie en su forma de comportarse. Es por eso que La técnica del semáforo se aplica en múltiples casos y se pueden ver los resultados positivos que los alumnos  pueden experimentar.

7.      Lo normal de los niños. El comportamiento de los niños en cada una de las circunstancias que les rodean  es semejante, es decir, se enojan cuando no están de acuerdo con  ciertas situaciones de los demás niños y casi en todos los casos actúan de la misma manera, para lo cual sirve bien la técnica antes dicha.

8.      Gestionar las emociones negativas.  La técnica del semáforo tiene que ver con la capacidad de controlar las emociones de las que los niños son víctimas.


ESTE ARTÍCULO ESTÁ ESCRITO POR PROFESIONALES EN EDUCACIÓN, NO ES MIO.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Técnicas de disciplina efectivas para niños



Tiempo fuera y tiempo dentro:


Tiempo fuera: si tu hijo tuvo un mal comportamiento y quieres corregirlo, debes llevarlo a un lugar donde permanezca solo y alejado de cualquier distracción. Esta técnica, que es ideal para pequeños entre los 3 y 5 años, le enseñará a tu hijo que actuando de manera inadecuada y manteniendo un comportamiento que lastima a otros, terminará siendo excluido, aislado de la sociedad y alejado de las actividades que disfruta.
Es fundamental que no exista ningún tipo de maltrato físico, en especial porque los bebés y niños pequeños no relacionan el castigo corporal con su mal comportamiento. Estos castigos servirán únicamente para causarle dolor y daño físico.
Tiempo dentro: en lugar de alejar y excluir, esta técnica busca reunir y afianzar los lazos familiares. Puedes aplicarla tanto de forma preventiva como de emergencia. La primera intenta afianzar la relación con tu hijo y consiste en reservar un tiempo determinado cada día, para que compartas de forma exclusiva con él.
La clave es que este tiempo juntos fortalezca los lazos y te permita acercarte a tu pequeño para identificar las razones por las cuales puede estar presentando comportamientos agresivos o indeseables. Eso sí, no se trata de un interrogatorio, se trata de afianzar la confianza entre los dos.
Tiempo dentro de emergencia es una de las técnicas disciplinarias para niños y consiste en buscar este espacio de encuentro en el momento en que se presente la actitud negativa de tu hijo. Para hacerlo, debes estar segura de sentirte lo suficientemente tranquila como para brindar un ambiente de diálogo en el cual tu pequeño pueda abrirse y expresar los motivos que lo llevaron a actuar de forma negativa.

El ejemplo: la mejor de las técnicas de disciplina para niños

Estas técnicas son muy efectivas, sin embargo, lo fundamental es el respeto y la coherencia. Por ningún motivo debes recurrir al maltrato físico o verbal. Si como madre o padre exiges respeto, debes dar ejemplo en tu relación de pareja, con tus hijos y con la comunidad.

Los niños aprenden de lo que observan y suelen imitar a los adultos, en especial, a sus padres. Ninguna técnica será efectiva si tú no tienes un comportamiento coherente con lo que exiges. Por el contrario, en la medida en que tu hijo crezca y se vuelva más crítico con el mundo, perderás credibilidad, autoridad y  su confianza.
Este artículo está escrito por profesionales en la educación,no es mío.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Frases positivas para enseñar al niño a dormir.



Para que un niño pequeño se quede solito en su cama esperando conciliar el sueño necesita aprender antes que lo puede hacer.
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En los inicios de este aprendizaje, tras meter a nuestro hijo en su cama, contarle el cuento de buenas noches y darle el besito especial de buenas noches es muy habitual oír a los pocos segundos de salir de su habitación un llanto o un “¡Mamá, ven!, ¡Tengo sed!, ¡Tengo miedo!, ¡ No quiero dormir!”.

¿Hemos de acudir cuando nos reclama?

Sí, hemos de acudir para tranquilizarle. No para cogerle en brazos, o sacarle de su cama y tampoco para atender a sus quejas o peticiones. Se trata más bien de hacer visitas cortas para tranquilizar al niño y darle mensajes positivos.
Así que cuando acudas a reconfortar a tu hijo ten en cuenta que tu actitud serena y de firmeza será muy importante. Si estás convencido de que el niño debe dormir en su propia habitación, no accedas a sus peticiones: “llévame a tu cama, quiero dormir contigo, un cuento más, quiero jugar más, etc.”. Ni tampoco te pongas a negociar con él ni te enfades por sus quejas.

¿Cómo responder? Frases que ayudan

Lo mejor es que respondas solo con tu presencia, con frases positivas y el beso de buenas noches:
·         Ante un “no tengo sueño', le puedes responder: “Tranquilo, mi vida, el sueño pronto vendrá y verás que bien vas a dormir. Buenas noches” Un besito y te vas de la habitación.
·         Ante un “¿me lees un cuento más?” le puedes decir: 'Mañana te leeré otro cuento, esta noche ya te he leído el de las buenas noches. Te quiero cariño, felices sueños” y te vas.
·         Ante un “Mamá tengo miedo, tu mensaje tranquilo y positivo puede ser: 'Tranquilo, cariño, yo estoy cerca y tu muñequito te hace compañía; o piensa en colores bonitos cuando cierres los ojos, te harán sentir bien. Felices sueños”. Un besito y te vas.
·         “Tengo sed”: 'Ahora no es momento de beber, así podrás dormir mucho mejor. Que duermas bien. Un besito y te vas. (Te recomiendo que antes de acostarle le des agua y le digas, “a partir de ahora es mejor no beber más agua hasta que te levantes por la mañana, así podrás dormir mucho mejor).
·         Ante un “¡No quiero dormir!” le puedes decir “Ya veo, cariño, pero ahora es el momento de dormir. Tranquilo que pronto te vendrá el sueño. Te quiero”. Un besito y te vas.
·         Ante un “Quiero dormir contigo”, le puedes dar el mensaje positivo de “lo sé cariño, pero es mejor para ti dormir en tu cama. Verás que bien vas a dormir.” Un besito y te vas.

Haz visitas cortas, no enciendas la luz y háblale con voz suave aunque tu peque llore o grite, así le puedes contagiar tu tranquilidad y serenidad. Tu hijo está aprendiendo de ti.
Para el niño no es fácil irse a la cama y esperar que le venga el sueño, se siente solito en la oscuridad de su cama y necesita asegurarse que no está solo, que sus papás están cerca y que no han desaparecido. Por eso reclama y se queja.
Al acudir estaremos evitando que su angustia por miedo o inseguridad aumente y por tanto le estaremos ayudando a tranquilizarse; además nuestros mensajes positivos y nuestra tranquilidad serán la clave para que poco a poco aprenda el hábito de dormir solo.

Felices Sueños….
Este artículo está escrito por profesionales en materia educativa, no es mío.