lunes, 26 de junio de 2017

Actividades infantiles para las vacaciones


    En vacaciones los niños desarrollan nuevas habilidades

Aprovechar las vacaciones para realizar actividades infantiles con los niños es muy beneficioso para ellos. Los niños pasan más tiempo en casa y eso puede representar un poco de inquietud para los padres que tendrán a su cargo la distracción de sus hijos. Llegarán llenos de energía, y con personalidades e intereses distintos y, por lo tanto, lo mejor es prepararnos.

Cómo deben ser los juegos de los niños en vacaciones

Las actividades infantiles para las vacaciones aumentan la diversión, afianzan los progresos y desarrollan nuevas habilidades. Hemos preparado algunas sugerencias para que todos os paséis muy bien en vacaciones, pero ante todo, es necesario que no olvidéis de tres reglas básicas.
1. Desarrollo lúdico. Propón actividades que siempre sean un juego. 
2.
 Afán de superación. Alégrate con los logros, avances y mejoras de tu hijo. 
3.
 Metas. Anímale a concluir objetivos y, cuando lo consigas, prémiale con una actividad especial (cine, paseos, excursión, etc.)
Juegos que desarrollan la motricidad del niño y bebé
- Natación: anima a tu hijo a nadar. Es un deporte muy completo, tanto física como psicológicamente.
- Juegos que estimulen las habilidades motoras (
bicicleta, pelotas, comba y cuerda) 
-
 Dibujar (animales, cuentos, momento familiar y paisajes). 
-
 Colorear con distintos tipos de pintura (lápiz de color, cera, témpera). 
- Recortar y punzar (revistas, fotos, papel de seda, cartulina, rollos de papel higiénico).
 
- Modelar
 plastilina, masa de pan y arcilla. 
- Montar en bicicleta sin los ruedines.
 
- Aprender a caminar en
 patines. 
- Caminar, correr y saltar, por la playa y, campo
 
- Jugar al "Corro de la patata".
 
- Caminar en contacto con la naturaleza.
Actividades infantiles para el desarrollo intelectual del los niños y bebés

- Hablar mucho con los padres, amigos, familiares, vecinos, haciendo hincapié en: escuchar; esperar turno para intervenir; pedir por favor, saludar; pronunciar las palabras correctamente; formar frases bien estructuradas; relatar hechos e acontecimientos. 
- Escuchar
 cuentos o historias. 
- Escuchar música.
 
- Leer imágenes (para aumentar su vocabulario).
 
-
 Leer cuentos sencillos. 
- Inventar, dibujar y escribir (
poesías, cuentos, cartas a los amigos). 
- Adornar folios usando variados materiales.
 
- Jugar a la 'cadena' de palabras. Ejemplo: a un grupo de tres o más niños, uno dice una palabra, el siguiente dice la palabra del anterior y añade otra, etc. Va abandonando el juego el niño que no consiga añadir palabras nuevas.
 
- Jugar al ahorcado.
 
- Jugar al "Veo-Veo".
 
- Inventar frases de 3, 4, 5, o más palabras.
 
- Jugar a emparejar cartas o fichas.
 
- Jugar con los números.
 
- Jugar a parchís, la oca, las tres en raya, dominó, y a otros
 juegos de mesa. 
- Montar un
 puzle gigante entre todos de la familia 
-
 Dormir
 mucho.

Pero lo más importante,  con o sin realizar actividades es :PASAR EL MAYOR TIEMPO POSIBLE CON ELLOS Y DARLES MUCHO AMOR.

Los artículos que publico en el blog son escritos por especialistas en educación.

viernes, 16 de junio de 2017

Siete pasos para enseñar al niño a enfrentarse al fracaso


 La sobreprotección y el exceso de permisividad impiden al niño aprender a tolerar la frustración
En la vida real hay situaciones buenas y de éxito, pero también las hay malas y de fracaso. El niño tiene que aprender a tolerar su frustración y las circunstancias problemáticas para poder enfrentarse de adulto a las situaciones adversas. Para que lo logre de forma natural, los padres deben evitar la sobreprotección y no abusar de la permisividad. Con el fin de poder llevar estas premisas a la práctica, existen siete pasos para enseñar a los hijos a enfrentarse al fracaso, que se detallan a continuación.
Siete pasos para enseñar a los hijos a afrontar un fracaso
¡No puedo hacerlo!, ¡lo quiero ya!, ¡así no! Estas exclamaciones son habituales en los niños que están acostumbrados a no aceptar un no por respuesta y que son incapaces de asumir una frustración o un fracaso en cualquiera de las facetas de su rutina diaria. Muchos padres intentan por todos los medios suprimir o mitigar las fuentes que causan frustración en el niño y terminan por convertir cualquiera de sus fracasos en un nuevo éxito.
Los especialistas creen que complacer en todo al niño no ayuda a su desarrollo
Según los especialistas, intentar complacer a los pequeños en todo y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no es un buen camino para su desarrollo integral como persona, ya que de adultos deberán enfrentarse a circunstancias tanto de éxito como de fracaso. Algunos psicoterapeutas  formularon en el siglo pasado su hipótesis de la frustración-agresión, según la cual la agresión es una respuesta frecuente a la frustración. Esta teoría defiende que, si no se enseña al niño a aceptar los fracasos, es posible que el pequeño desarrolle una actitud agresiva reincidente.
Aceptar los fracasos y las situaciones adversas requiere un aprendizaje por parte de los pequeños que los padres pueden enseñar mediante una serie de consejos.
1. No darle todo hecho: si se le facilita todo al niño y no se le permite hacer las cosas por sí mismo, es difícil que pueda equivocarse y aprender, así, a enfrentarse al fracaso.
2. No ceder ante sus rabietas: las situaciones frustrantes derivan en muchos casos en berrinches y rabietas. Si los padres ceden ante ellas, el pequeño aprenderá que esa es la forma más efectiva de resolver los problemas.
3. Ser ejemplo para los hijos: la actitud positiva de los padres a la hora de afrontar las dificultades es el mejor ejemplo para que sus hijos aprendan a solventar sus problemas.
4. Educarle en el esfuerzo: es necesario enseñar al niño que es necesario esforzarse; así aprenderá que el esfuerzo es, en muchas ocasiones, la mejor vía para resolver algunos de sus fracasos.
5. Marcarle objetivos razonables: hay que enseñar al niño a tolerar la frustración poniéndole objetivos realistas, pero sin exigirle que se enfrente a situaciones que, por su edad o madurez, sea incapaz de afrontar.
6. Convertir la frustración en aprendizaje: las situaciones problemáticas son una excelente oportunidad para que el pequeño aprenda cosas nuevas y las retenga. De esta forma, podrá afrontar por sí mismo el problema cuando vuelva a presentarse.
7. Enseñarle a ser perseverante: la perseverancia es esencial para superar situaciones adversas. Si el niño aprende que siendo constante puede solucionar muchos de sus problemas, sabrá controlar su frustración en otras ocasiones.
Los padres deben evitar la sobreprotección y el exceso de permisividad
El padre sobreprotector trata de alejar al niño de las situaciones problemáticas
Una de las principales causas de la poca tolerancia de los niños a la frustración, y de su incapacidad para enfrentarse al fracaso, es el exceso de protección por parte de sus padres.
Según el modelo de perfiles educativos definido por los psicólogos, el padre sobreprotector intenta evitar que el niño realice actividades que él considera arriesgadas, peligrosas o molestas. Tiende a dárselo todo hecho y piensa que el pequeño es débil, ignorante e inexperto y, por eso, hay que proporcionarle la mayor ayuda posible, así como evitarle cualquier problema, dolor o inconveniente. Por tanto, la sobreprotección inhibe la capacidad del niño para afrontar el fracaso, puesto que no permite que se produzca.
En otras ocasiones, el abuso de la permisividad por parte del padre agudiza la baja competencia de los niños para hacer frente a los problemas. Esta conducta permisiva se manifiesta con frecuencia en ceder ante cualquier requerimiento del pequeño, de modo que este siempre consigue lo que quiere y nunca se enfrenta a situaciones negativas, problemáticas o frustrantes para él.

Tanto por sobreprotección como por exceso de permisividad, la falta de capacidad del niño para aceptar el fracaso deriva, por lo general, en claros signos de incompetencia para resolver los problemas cuando son más mayores, así como en un alto grado de dependencia de los demás.

Los artículos que publico no son escritos por mí,son elaborados por profesionales de la educación.

viernes, 9 de junio de 2017

SLOW PARENTIG (II PARTE)

Beneficios del slow parenting para los niños
Según numerosos estudios e investigaciones, los niños cada vez sufren más estrés, incluso en edades muy tempranas (desde los cinco o seis años). Ya de por sí esto es preocupante pero, además, hay que tener en cuenta que ellos no lo pueden gestionar como los adultos y les afecta en lo emocional y también en su rendimiento escolar: “el enemigo de la humanidad es el estrés. El movimiento slow es una reacción a esta vida tan absurda que llevamos”.
Efectivamente uno de los principales objetivos del slow parenting o esta crianza más lenta es alejar a los niños, en lo posible, de ese estrés. Los padres no debemos trasladarles nuestras prisas y nuestras preocupaciones, sino velar porque disfruten de su infancia. Ya tendrán tiempo de ser adultos.
Alejar las prisas proporcionará un montón de beneficios para nuestros hijos: 
o    Teniendo más tiempo pueden explorar el mundo a su ritmo y aprenden a correr riesgos y a cometer errores.
o    Dándoles la oportunidad de reflexionar despacio aprenden a pensar por sí mismos. Con las prisas sólo hacen lo que se les dice, sin plantearse el porqué de las cosas.
o    Si no se les carga de tantas tareas están más descansados y disfrutan más de lo que hacen. Si están agotados no rinden bien (en la escuela o en cualquier actividad que emprendan) y esto también les lleva a aburrirse con mayor facilidad.
o    Las prisas y el estrés hacen que los adultos nos portemos con ellos con más brusquedad y gritemos, se generen malos modos, e incluso discusiones. Los ratos pausados son propicios para tratarles con afecto y demostrar el verdadero amor que sentimos por ellos. Esto fortalecerá su autoestima.
o    Desacelerar e ir al ritmo de los niños, en vez de obligarles a que ellos sigan nuestro ritmo, evitará comportamientos hiperactivos.
Y lo mejor es que todos estos beneficios son duraderos, permanecen a largo plazo, y consiguen que nuestros hijos tengan una personalidad fortalecida y se conviertan en unos adultos más felices
10 propuestas para introducir el slow parenting en tu familia
El slow parenting o crianza de los niños sin prisas cuesta, pero merece la pena. Aquí tienes algunas ideas de momentos pausados de disfrute, pequeñas acciones que permiten saborear la vida. Practicadlas siempre que podáis, y poco a poco os convertiréis en una familia slower:
1.    Olvidad el despertador y las prisas para levantaros: despertad a los niños con un beso y permitidles que se queden un rato en la cama, acurrucados o desperezándose, estirando todos los músculos. Y, si os apetece, poneos a jugar un rato todos juntos. 
2.    Desayunad, comed o cenad bien, con una buena selección de alimentos saludables y deliciosos, sin la televisión de fondo y con tranquilidad. Después de tomaros vuestro tiempo para comer y beber, disfrutad de la sobremesa: charlad con los pequeños y plantead proyectos o ilusiones que se os ocurran y podáis compartir.
3.    Buscad un rato de la jornada para generar situaciones divertidas, sacar el sentido del humor y reír. La risa relaja y genera endorfinas, que nos hacen más felices. ¿Te cuento un chiste? o ¿qué tal un rato de cosquillas?
4.    Preparad una salida al campo y llevad un picnic para comer en plena naturaleza. Dad paseos, disfrutad del entorno, tumbaos en la hierba, y aprovechad ese clima para conseguir serenidad.  
5.    Relajaos en el sofá, escuchando música o leyendo un cuento, y dormid una pequeña siesta.
6.    Dejad la ducha apresurada para otro momento y disfrutad de un buen baño.
7.    Al ir paseando por la calle, deteneos a observar lo que os rodea: las nubes, una flor, un pequeño pájaro que está bebiendo en un charco…
8.    Intentad no llevad el reloj puesto ni mirar la hora en ningún otro. ¿A que eso lo soléis hacer cuando estáis de vacaciones?
9.    Dedicad un rato simplemente a no hacer nada. Como dicen los italianos: ¡il dolce far niente!
10. ¡Ah! y cuando estéis realmente compartiendo tiempo con los niños, en familia, apagad o silenciad los teléfonos móviles, ¡por favor! 

 Los artículos que publico no son escritos por mí, son de profesionales de la pedagogía,psicología,...

viernes, 2 de junio de 2017

SLOW PARENTING


Una filosofía de vida que apuesta por una infancia sin prisas para que los niños se desarrollen de forma plena y adecuada y sean más felices, incluso al llegar a adultos. Merece la pena intentarlo.
Qué es el slow parenting o la crianza lenta
Como los guisos más deliciosos, los niños también se deben ir haciendo a fuego lento: sin prisas en el día a día, adquiriendo aprendizajes a su ritmo, sin saltarse etapas, y disfrutando de tiempo libre no planificado ni estructurado, incluso con momentos de aburrimiento. Éstos son algunos de los pilares del slow parenting, un tipo de crianza que intenta luchar contra la rapidez de esta sociedad tan competitiva, que nos presiona y nos aboca a una carrera constante hacia la perfección.  
Si sois unos padres helicóptero, es decir, esos hiperpadres que quieren que sus hijos hagan de todo y siempre están planeando por encima de ellos, quizás sea hora de cambiar vuestra filosofía y empezar a practicar poco a poco una paternidad diferente. Tan solo debéis intentar adoptar una actitud más pausada frente a la vida, no ejercer tanta sobreprotección sobre vuestros pequeños, atender a sus necesidades y deseos reales, y procurar pasar con ellos un tiempo de calidad. 
Emplearos a fondo en cultivar el arte de la paciencia y ¡saboread la vida!

La filosofía slow aplicada a la crianza de los niños

Ir por la vida a paso lento no significa ser pasivos, ineficientes o perezosos, sino hacer las cosas en el momento apropiado y de la mejor manera posible o “dar prioridad a la calidad, saborear lo bueno
Lo primero que debemos tener claro es que los padres (y secundariamente los demás cuidadores y educadores) somos su ejemplo, y que la educación funciona principalmente por imitación; por lo que esta vida slow debe empezar en nosotros mismos. “El mensaje verbal no vale. Hay que ser coherentes porque de qué sirve decirles que estén tranquilos y calmados, si nosotros vivimos deprisa”, “a veces estamos muy atrapados y es complicado frenar, pero lo importante es tener conciencia de ello e intentar vivir más despacio cada vez que podamos”.

Claves del slow parenting o la crianza lenta

Para comenzar a practicar el slow parenting empecemos por una de sus claves principales: respetar los ritmos de crecimiento de nuestros hijos. Los niños se destetan, aprenden a dormir solos, a comer de forma autónoma, a dejar de usar el pañal, a andar, a hablar, o a entretenerse solos, cuando están preparados, no cuando nosotros lo necesitamos. Les estamos planificando y estructurando el desarrollo y los procesos de maduración desde la más tierna infancia. Y como los primeros años son fundamentales en la configuración de la personalidad, tenemos que poner todos nuestros esfuerzos en que los avances y los aprendizajes se vayan haciendo y afianzando bien; despacio y seguros. 
En este sentido es interesante reflexionar sobre una idea : “los niños se toman su tiempo en hacer las cosas, raramente son precipitados; el concepto de tranquilidad lo tienen de manera natural”. Ellos no están pendientes del reloj constantemente, su concepto del tiempo es relativo, y no saben distinguir entre unos minutos o una hora. Hacen las cosas según su propio ritmo. Entonces, simplemente hay que procurar no entrometernos para forzarlos o acelerarlos. Precisamente “una de las ventajas, de los deleites de esta filosofía de lo lento y de llevar una vida sin prisas, es observar a los niños de nuestro entorno y poder disfrutar de verdad de su evolución”.
Otro de los puntos fundamentales del slow parenting es saber gestionar bien el tiempo que dedicamos a los niños, tanto en cantidad como en calidad. La sociedad actual está pensada para rendir mucho, para producir muchas cosas, y cuanto más deprisa, mejor. Y a causa de ello cada vez nos queda menos tiempo para la vida familiar y, el que le dedicamos, lo hacemos cansados. Pero nuestros hijos nos necesitan, y cuanto más pequeños aún más. Somos su fuente de cariño y seguridad.
Así, la clave está en buscar más ratos en los que la vida no nos exija apresurarnos, y paladearlos;  cuando llega el final del día, el fin de semana, o unas vacaciones, tenemos más libertad de ser lentos de verdad. En esos momentos hay que estar con nuestros hijos al cien por cien. No sólo físicamente a su lado viendo una película, por ejemplo; sino implicados de verdad. La filosofía slow destaca por encima de todo esa calidad: olvidarnos de las prisas y las preocupaciones y entregarnos a nuestros pequeños, mostrándoles nuestro afecto. Esos momentos ya no volverán y hay que sacarles todo su jugo. 
A esto hay que sumar la comunicación; sentarnos con ellos a hablar y darles explicaciones “la prisa es negativa, no explicar las cosas con calma puede dar lugar a equívocos. Hay que crear el clima para que los críos hagan preguntas y dar tiempo para que todo quede redondeado y que no queden flecos. Cualquier tema contado con calma y con entusiasmo capta el interés de los niños. Pero para eso hay que vivirlo, creértelo. Todo se queda dentro si no tienes tiempo para sacarlo”.
Observemos a los niños, veamos lo que realmente les interesa, y aprendamos de ellos, que tienen mucho que enseñarnos. 

Actividades para disfrutar del slow parenting

El tiempo libre de nuestros hijos es otra de las cuestiones a abordar para lograr el slow parenting o la crianza a fuego lento. Tienen que disponer de un ocio suficiente y de calidad, con actividades que respondan a sus inquietudes e ilusiones, e incluso con momentos de aburrimiento. Su tiempo libre no debe estar tan estructurado por nosotros, ni lleno de demasiadas actividades que les lleven a ser más exitosos y que les exijan estudiar más y conseguir cada vez más objetivos; esto es una fuente de sobrestimulación y estrés para ellos.
Hay que buscar un equilibrio. Por supuesto que necesitarán aprender inglés o informática, pero hay que potenciar más su imaginación, darles oportunidad de que inventen cosas y apostar por la creatividad: “en vez de ver un vídeo, que se inventen ellos una película y la graben, que escriban historias, que hagan las ilustraciones de un cuento que han leído. Eso es divertido y necesita de tiempo y sosiego. Actividades creativas y relajantes como el dibujo, las artes, o incluso la jardinería o modelar barro, son muy interesantes. Los niños siempre deben tener papel y lápices a mano, para poder expresarse de esta forma. Y la lectura es primordial: leer es perderte en el tiempo”. 
También será beneficioso que hagan ejercicio y actividades que les ayuden a relajarse, como el yoga infantil, para hacer frente a ese ritmo de vida frenético al que a veces están sometidos.  
En definitiva, lo importante es que sean ellos los que llenen gran parte de sus ratos de ocio con cosas que les gusten, y que nunca falte el componente lúdico, que es algo esencial para el desarrollo global de los niños. El juego debe estar presente siempre en su día a día, aunque se vayan haciendo mayores. Y, según la filosofía slow, que sea un juego libre sin mucha intervención adulta y con menos juguetes comerciales, en beneficio de más oportunidades para la imaginación.
Además, esta forma de vida lenta apuesta por más contacto con la naturaleza y menos con la tecnología. “En la tecnología es todo mecánico y no da lugar a cantidad de habilidades que les hacen falta a los niños. Un ordenador se debe tomar como una herramienta con muchas posibilidades, pero hay que usarlo bien y aprovecharlo para lo que nosotros queramos lograr”.

En cambio, la naturaleza es un lugar que les encanta a los niños. Es el escenario perfecto para la diversión y el juego libre, para curiosear, para respirar aire limpio, y también para sosegarse. “La naturaleza actúa como un bálsamo calmante”.

La próxima semana os dejaré la segunda parte de este artículo que trata sobre los beneficios de esta técnica y el cómo introducirla.
Los artículos que publico son escritos por personas expertas en educación,no son míos.

viernes, 5 de mayo de 2017

La actividad física: el mejor aliado contra el estrés infantil


      
Los niños con un mayor nivel de actividad física gestionan mejor las situaciones estresantes. Además, les ayuda a prevenir síntomas de depresión y, en general, a sentirse mejor.
Un nuevo estudio desarrollado por especialistas norteamericanos confirma los beneficios de realizar deporte ya desde una edad muy temprana. A las ventajas para la salud física, ya conocidas, ahora hay que añadir las ventajas para la mente y el estado anímico.
El estudio analizó los niveles de cortisol de cada individuo, es decir, la hormona que el cuerpo libera como respuesta cuando se somete al estrés, ya sea físico o mental.  La medición se llevó a cabo mediante unos dispositivos que los niños llevaban en la muñeca.
Las observaciones eran bastante claras. En situaciones de calma, como por ejemplo en el hogar, todos los niños tenían un nivel de cortisol parecido. Sin embargo, cuando se sometían a situaciones estresantes, los que se habían mantenido más inactivos presentaban cantidades inusualmente elevadas. Sin embargo, los que practicaban el esfuerzo físico con regularidad apenas presentaban un pequeño incremento en el volumen de esta hormona.
Los investigadores consideran concluyente que los niños que hacen más deporte manejan mejor el estrés y la ansiedad .
Aun así, calculan que el 30 % de los niños no practica la cantidad recomendada de ejercicio (una hora diaria) , a pesar de que todos ellos han recibido clases de educación física.
Sí parece de sobra demostrado que los niños físicamente más activos, en general, tienen mejor humor y, estadísticamente, son los que menos síntomas de depresión presentan.
EN LA PESTAÑA DE JUEGOS OS DEJO ALGUNOS EJEMPLOS DE JUEGOS PARA HACER CON LOS NIÑOS AL AIRE LIBRE.

Los artículos que publico no son escritos por mí,son creados por especialistas en educación.

viernes, 28 de abril de 2017

Qué sienten los niños cuando se enfadan


 Unos gritan. Otros lloran, algunos patalean. Y por supuesto, hay niños que simplemente callan.
Cuando un niño se enfada, puede reaccionar de muchas formas diferentes. Puede volverse agresivo o aislarse. Y es que sentimiento de rabia es difícil de predecir y controlar. ¿O no?

Cómo explican los niños qué sienten cuando se enfadan

¿Por qué se enfadan los niños? ¿Porque no consiguen lo que quieren? ¿Por una mala palabra de su mejor amigo? Un niño se enfada cuando discute, cuando alguien le hace daño. Se enfada si se pelea con su hermano, o cuando nadie quiere jugar con él. Se enfada cuando no le compran ese juguete que tanto desea. Se enfada, y no sabe muy bien qué le ocurre. 
De pronto nota una presión en su cabeza. Muchos niños lo describen como 'una jaqueca', como un dolor en el cerebro. Otros dicen que sus venas parecen llevar más sangre, y que sudan, sudan mucho. También siente que su rostro se torna rojo y el sentimiento se vuelve incontrolable. La rabia se apodera del cuerpo y pierde el control. Llega el grito. La rabieta. El torbellino. 
Si en ese momento el cerebro fuera un tarro con agua y brillantina, el remolino de la furia arrastraría sin control la brillantina, produciendo destellos incontrolados. No queda espacio ni tiempo para pensar. Sólo sienten. Nada más.

Cómo ayudar a los niños a controlar su rabia

La solución es esta: aprender a respirar. Tan sencillo y complicado al mismo tiempo. Esa puede ser la clave para manejar el sentimiento incontrolado de la rabia: respirar, profundamente.   Un consejo que debemos enseñar a nuestros hijos. Sólo hay que seguir estos pasos:
- Cuando llega el sentimiento de rabia, hay que buscar un lugar tranquilo en donde poder estar solo.
- Respirar profundamente por la nariz. Expulsar el aire por la boca.
- Cerrar los ojos y volver a respirar.
De esta forma, los niños que han llevado a cabo estos pasos, dicen sentir como si algo de pronto se calmara, como si algo en movimiento se detuviera. El corazón se tranquiliza. El cerebro deja de latir con tanta fuerza. Esa purpurina que daba vueltas sin control en medio de un torbellino, cae al suelo lentamente. Entonces es el momento de hablar. 

                                           




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